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“Valorar empresas es una chapuza y los analistas sólo confunden a los inversores”
2.10.07


Así de rotundo se mostraba el profesor y gurú financiero Pablo Fernández en una conferencia el pasado 26 de junio. Después matizaba esa afirmación diciendo que todos los análisis se basan en hipótesis a futuro que pueden resultar subjetivas y que “no se invierte mejor en bolsa ni se valoran mejor las empresas realizando muchas operaciones matemáticas sofisticadas. Si esto fuera así, habría muchos matemáticos (y varios profesores de finanzas) millonarios”, sentenció.

Tenía este artículo pendiente de comentar en el feed en mi lector de noticias y me parece que no hay mejor momento para hacerlo tras el descalabro de la cuenta de resultados de los dos principales bancos suizos, el UBS y el Credit Suisse, debido a operaciones en el mercado hipotecario subprime de EEUU. Ya se han anunciado 1.500 despidos. Parece que en ambos bancos alguien ha realizado mal sus cálculos y análisis.

Bien, ahora centrémonos en las valoraciones de empresa de una manera sencilla para entender la complejidad de estos cálculos financieros cuyas técnicas he aplicado en algunas ocasiones. Uno de los principales métodos es el descuento de flujos futuros de caja que se realiza a partir de una estimación de los cash flow positivos y negativos que espera tener esa empresa durante un período de tiempo más o menos extenso. Entre las diferentes variables que el analista debe estimar se encuentran las inversiones previstas y/o futuras y su rentabilidad, el crecimiento esperado por la empresa y el comportamiento del mercado, si van a existir cambios en el modelo de negocio, la trayectoria de la competencia y el valor terminal. Si esto no fuera suficiente, posteriormente hay que aplicar las tasas de riesgo país y la de descuento.

Estas ultimas magnitudes son la que mas dolores de cabeza dan a los analistas porque permite detraer los valores futuros de los flujos de caja obtenidos al presente. Como dice el profesor Fernández hay cientos de errores posibles a la hora de realizar valoraciones de empresa o prever rentabilidades de las inversiones.

Se comenten errores a la hora de definir y manejar la tasa de descuento y de riesgo, durante el cálculo de los flujos esperados o el valor terminal, principalmente. Y si no fuera suficiente, a la hora de interpretarlos también se yerra.

La historia de las catástrofes financieras está repleta de casos. En algunos, los departamentos de inversiones utilizaban muchas herramientas complejas de cálculo y proyección en unos departamentos que tenían un puñado de empleados. Estos, muy bien preparados, toman decisiones que afectan a los recursos financieros de los bancos con escaso control y auditoría por parte de terceros como le ocurrió al Banco Barings con los derivados, opciones y futuros en 1992. Puede ser el coste a pagar por centrar las decisiones en la potencia de cálculo informático, entre otras razones.

Los analistas financieros inundan el mercado de informes trimestrales sobre bancos, mercados, índices bursátiles, países, etc. El profesor Rosanas atribuye muchas de las grandes caídas de empresas a su afán por contentar al analista, quien da su beneplácito a esas cifras y promueve el mantenimiento o subida de las acciones e indirectamente crea valor para el accionista. Otras, simplemente manipulan su contabilidad y obtienen el visto bueno del analista sentándolo en su Consejo de Administración, como hizo Ebbers en WorldCom. Puede ser el coste a pagar por fiarse excesivamente de empresas de análisis y medios de comunicación que nadan en un mar de intrincadas relaciones e intereses económicas y financieras.

Lo cierto es que, aunque se utilice la coherencia en los cálculos, existan diversos escenarios posibles (optimista, neutro y pesimista) a la hora de analizar una inversión, mejoren los controles y auditoría internos, sea un comité formado por un puñado de personas las que aprueben la operación o prime el sentido común y la mesura, el peligro acecha en la subjetividad a la hora de elegir las magnitudes de cálculo. Puede ser el coste por fiarnos de la efectividad del cerebro humano a la hora de prever el futuro.

Si no hay que fiarse de las máquinas, de los especialistas ni del cerebro humano, ¿qué podemos hacer? ¿Confiar en nosotros mismos?, ¿en que seamos conscientes de las decisiones y sepamos separar el grano de la paja, lo objetivo de lo subjetivo? Me temo que es una cualidad por la que luchar; y, cuando se tiene, no dejarse oprimir por presiones, intereses, etc. Eso, o nadar en un mar embravecido y que la suerte nos acompañe.

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| Categoría: Consultoría | Etiquetas: IESE analisis estudio rentabilidad mercado empleo metodo venta |

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