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Resilencia: futuro vs presente, valores, imaginación y flexibilidad
11.4.10


Se dice que el hombre busca el equilibrio en la vida y, sin embargo, necesita de desafíos y tensiones para salir airoso en el juego de la supervivencia y proveerse de oportunidades que permitan su desarrollo y maduración. Es el único modo de desarrollar su potencial.

La adaptación a la adversidad o resilencia se basa en el desarrollo de esa competencia que permite visualizar objetivos para ser cumplidos y que no se deja apabullar por la complejidad de la vida, las dificultades que presente una crisis económica o lo mal que le va a su entorno familiar o laboral. Esta habilidad es la que posibilita que los peligros dejan de ser considerados como tales y se ven como verdaderas oportunidades.

En segundo lugar, la existencia de algo hacia donde dirigirse en el futuro conlleva necesariamente interiorizar la situación actual como punto de partida. Sin embargo, conocer la realidad del presente no lleva implicito que exista una meta futura; en este escenario es el que se encuentran muchos de los que sufren actualmente dificultades en el trabajo, no son capaces de determinar su futuro y terminarán vencidos por la problemática presente.

Cuando el presente es malo y los objetivos futuros no logran determinarse ni visualizarse, es cuando el hombre tiende a mirar al pasado (que a lo mejor no fue mejor, pero en cualquier caso se superó) como forma de apaciguar los horrores del presente. El peligro de esta situación es que abandonar el presente puede implicar también perder el sentido de la vida.

Las personas que tienen cierta resiliencia son realistas, capaces de visualizar su presente como si fueran otra persona ajena a él y tienen claro lo que realmente les importa para sobrevivir.

Un tercer pilar para la resilencia se fundamenta en el sistema de valores. En este sentido, son hábiles para buscar sentido a las cosas negativas que les ocurren a ellos y su entorno y rehuyen del victimismo. Las personas que son resilentes, basándose en sus valores y a través del sufrimiento, nervios, estrés y cambio, crean ciertos elementos valiosos que tienen significados para sí mismos y para los demás.

La última habilidad del resilente es la imaginación y flexibilidad para improvisar soluciones con los recursos existentes en cada momento y que es el verdadero puente entre la realidad de hoy y la visión del mañana. | Foto: Human after all |

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