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Las apariencias de una buena sonrisa
18.11.07


Decía William Shakespeare que “hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad”. Últimamente, además de las constantes referencias a ella en “Inteligencia emocional” de Daniel Goleman, uno de los libros que tengo entre manos, también he podido leer algo al respecto en la blogosfera.

Governance publica un interesante artículo sobre la sonrisa como KPI para la medición de la calidad del servicio; es algo que resulta novedoso y revolucionario porque supone cuantificarla. Pilar Jericó cita a un amigo viajero políglota que le comentaba de la importancia de la sonrisa por encima del idioma para que el viaje se desarrollara bien. También introducía una variedad de sonrisa que llama “comercial” y que opino sería más adecuado encajar en la “ética del carácter” de la que habla Stephen Covey en sus “Siete hábitos de la gente altamente efectiva”.

En la interacción social la sonrisa es considerada como una fórmula de abrir puertas y comenzar un encuentro con buen pie, y en los ámbitos empresariales comienzan a proliferar negocios basados en potenciar el uso de la sonrisa entre los ejecutivos como medio para mejorar la integración, favorecer las relaciones en el equipo, obtener resultados en negociaciones, etc. Se busca que la sonrisa no sólo aparezca sino que se presente de manera armoniosa, agradable y balanceada. Es el culto de la sonrisa.

La sonrisa, al menos eso parece, proyecta nuestra imagen para lograr, mantener o mejorar nuestras relaciones y potenciar su impacto. Podría ser la tarjeta de presentación. La importancia de la sonrisa puede estar dejando que algunos descuiden otros rasgos de su personalidad también muy importantes: el lenguaje corporal, la mirada, etc. Pero todo esto son manifestaciones básicas, aunque importantes, porque ni la sonrisa ni el lenguaje corporal ni la mirada ni otras cualidades causan tanto impacto en el tiempo como los modales, la corrección de las palabras, la atención y, sobre todo, el trato permanente.

El primer grupo (sonrisa, lenguaje corporal, mirada...) no puede enmascarar al segundo (modales, lenguaje, atención y trato...) que es el definitorio de cómo se van a desarrollar las relaciones a medio y largo plazo. Los primeros pueden hablar de carácter y personalidad; sin embargo, el segundo sólo mostrará la personalidad del individuo. Mientras vemos una sonrisa, de momento, estamos ante la cáscara; la pulpa y su jugo queda para después. Nos puede agradar el aspecto de la fruta, pero más tarde nos podemos dar cuenta de que ni es tan dulce y fresca ni tan enriquecedora como el aspecto exterior mostraba.

Ese es el peligro de quedar embaucado por una sonrisa y obviar lo que viene después. El cocodrilo ríe, pero también es una máquina de matar. ¿No es así?

| Categoría: Consultoría | Etiquetas: interrelacion Covey Senge etica caracter personalidad habilidades percepcion |

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2 Comentarios:

El 11/19/2007 08:43:00 p. m., Blogger eKaizen tuvo la amabilidad de comentar aquí:

Buenas, personalmente las personas que sin conocerme vienen con una sonrisa de oreja a oreja me dan mala espina. Instintivamente pienso, joder, este me viene a vender algo o a pedir que le haga un favor, y me pongo a la defensiva. Creo que una sonrisa forzada es mucho peor que no sonreir.

 
El 11/19/2007 08:52:00 p. m., Blogger amalgamadeletras tuvo la amabilidad de comentar aquí:

@ekaizen - Bienvenido a esta bitácoras y gracias por realizar comentarios.

Tienes razón con lo de las sonrisas forzadas. En el comentario dices que vienen a venderte algo o a pedirte un favor las personas que sonríen. Yo me permitiría añadir otro tipo de personas de las cuáles ya me referí en el artículo: las que sonríen porque su ética del carácter lo exige. Pero, en la 'trastienda' de esa sonrisa... ay, mejor no comentar.

 

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