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El círculo vicioso de cualquier catástrofe natural y la solidaridad mundial
17.1.10


La comunidad internacional se vuelca en ayudar a los países que han sufrido una catástrofe natural. Con cada uno se aprende a mejorar la coordinación de la ayuda y a aumentar su efectividad futura. En sucesos como el tsunami de Indonesia de 2004, el huracán Katrina en 2005, la erupción del volcán Nevado del Ruiz de 1985 o el terremoto de Kobe en 1995 se aprendió, y mucho.

Aún así, siempre existe un círculo vicioso dificil de romper en todos estos sucesos y en las movilizaciones internacionales posteriores: en primer lugar hay una ola de solidaridad en forma de donaciones inmediatamente después de conocerse la noticia; una notable parte de esa ayuda para operaciones de socorro llegan cuando ya no son de primera necesidad, habida cuenta de el mayor problema que se encuentran los que no están en el frente es sortear la pesadilla logística que se produce siempre y que alimenta la ineficacia y la corrupción local.

Cuando la reconstrucción está en sus fases iniciales, la atención del mundo ya ha puesto sus ojos en otra cosa. En informes publicados tras el tsunami de Indonesia se puso de manifiesto que la ayuda que recibió este país fue excesiva en cuanto a operaciones de primera necesidad y ridícula para la preparación de futuros desastres y la reconstrucción posterior.

En general, la ayuda inicial que reciben las ONGs en caso de catástrofe natural suelen ser suficiente para la alimentación, bebida, cuidados iniciales y hospedaje provisional. Por transparecia, las organizaciones están obligadas a dedicar las donaciones recibidas a un hecho concreto (por eso, las cuentas corrientes suelen denominarse con una terminología como 'Ayudas para Haití'). El desvío de la atención mundial hacia otros frentes hace que las organizaciones que permanenecen allí para reconstruir se vean sin fondos para continuar su labor. No es una mala idea que las donaciones particulares y de empresas no se dirijan en concreto a esa catástrofe, sino a las cuentas que todas estas organizaciones tienen para recibir fondos destinados a futuras catástrofes.

Otro aspecto inquietante que todo donante debe evaluar es la experiencia, infraestructura, equipo y el tiempo que lleva la organización que recibirá sus fondos en ese país. Una ayuda puede volverse ineficaz si la ONG u organización no tiene un conocimiento suficiente de las comunidades que conforman el país, las normas culturales, y la dinámica de poder. Los fondos deberían canalizarse hacia organizaciones que lleven tiempo trabajando en ese país, cuanto más, mejor.

Algunas empresas donan materiales a esas organizaciones. Ellos saben que, aunque su ayuda no sea necesaria hoy, la ONG las recogerá y almacenará para futuras acciones, sobre todo si pueden utilizarse en la fase de reconstrucción. Aunque una empresa se movilice por causa de un terremoto como el de Haití no debe sentirse mal si sus donaciones y materiales se almacenan para la próxima catástrofe, y en concreto, se dedican a la reconstrucción. | Foto: Infrogmation |

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