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Los retos y nubarrones del #manifiesto a medio y largo plazo
7.12.09


Las aguas de Internet andan revueltas con los más de 146.000 apoyos que ha recibido el #manifiesto, de momento.

Todos los que nos movemos en estas aguas hemos comprobado (y también con asombro, porque no decirlo) tres cosas:
  • el poder de las bitácoras, redes sociales y Twitter (5,4 millones de usuarios). Con gran satisfacción hemos advertido que lo mucho que hemos leído y debatido sobre ese aspecto es algo alcanzable en la realidad.
  • su funcionamiento y efectividad a gran escala (hasta ahora, estaba aplicado perfectamente en pequeños grupos de barrio digital, con los amigos y en ciertos eventos), y
  • su capacidad de propagación al resto de la sociedad trascendiendo más allá del ámbito colaborativo de la web 2.0 y llamando la atención de aquéllos que no están inmersos en ese mundo.

Ahora habrá que ver los resultados a largo plazo que provoca en las decisiones de los que nos gobiernan al margen del 2.0. El tiempo los mostrará en su momento.

Ya se detecta que esta movilización digital ha traído otra consecuencia positiva: el aumento de los seguidos y seguidores de todos aquéllos que nos movemos piando en el mundo 2.0. El #manifiesto está incrementando la conversación, el intercambio de ideas y la transmisión y análisis de opinión en la gran mayoría de los usuarios de Facebook y Twitter. Esto es enriquecimiento intelectual y mayor fuerza de cara al futuro. La viralidad futura será mucho más intensa que la obtenida en estos primeros días de diciembre.

Sin embargo, como persona, y al margen de Twitter y las redes sociales, esa satisfacción se torna en nubarrones por varios aspectos:
  • el activismo digital y las ideas decaigan por la lógica disminución en su concentración óptima para seguir siendo una voz anónima, pero colectiva, a la que oír. Me estoy refiriendo a la avalancha de nuevos usuarios que pondrán su empeño en formar parte de estas redes;
  • el perfil de los usuarios en Twitter está suficientemente estudiado, pero nadie asegura que sea inmutable y conlleve las dificultades para intercambiar opiniones con facilidad. El crecimiento siempre acarrea ello;
  • el atractivo de crear discordia y manipular esa opinión digital se convierta en un objetivo a corto plazo para terceros encumbrados en el púlpito del poder, con oscuras visiones mercantilistas, etcétera; no hay que olvidar que, si la opinión es homogénea, basta con introducir, promover y encumbrar a falsos generadores de opinión, para propagar división. Y más de uno debe estar ya pensando en ello, no como consecuencia de que no entiendan lo que está pasando, sino como evitarlo en el futuro.

La neutralidad de estas herramientas y redes también es un fin a preservar. Si un país es manipulable (y la historia de Europa reciente tiene muchos casos), cuando no menos una red. | Foto: tanakawho |


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