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Inteligencia cultural en un mundo globalizado
12.3.09


Esto me dijo (o algo así) mi primer jefe a los pocos días de empezar mi recién estrenado trabajo en una empresa de factoring cuando tenía veinte años: "Mira, no seas ingenuo. Detrás de un inocente buenos días en un pasillo a las nueve de la mañana siempre hay algo más: un mensaje adicional que desentrañar, una intención que no se muestra o la esperanza de algo futuro, por ejemplo".

Los que se mueven cerca del cliente, con el tiempo, pueden atesorar un talento para interpretar las acciones humanas, gestos y patrones verbales con los que tratan y obrar en consecuencia. Es lo que se llama inteligencia emocional y de lo que me hablaba mi jefe.

Ahora me pasan el artículo Cultural Intelligence escrito en 2004 por P. Christopher Earley y Elaine Mosakowski y lo exprimo con el temor de dejarlo escaso en cuanto a contenido; por eso, es muy recomendable su lectura, además de porque esa cualidad es algo que trasciende más allá de la inteligencia emocional y resulta útil en un mundo globalizado.

En los negocios, sólo unos pocos tienen la facultad para diferenciar el comportamiento de una persona como individuo de los propios que son consecuencia de su pertenencia a un grupo y que le hacen válido para desenvolverse de forma óptima en ese colectivo. Una persona con alto grado de inteligencia cultural capta todo lo que hacemos como seres humanos así como lo que cada uno hace en un diferente ambiente cultural. Es la inteligencia cultural, eso que diferencia la idiosincrasia (del individuo o el grupo) de su comportamiento en el grupo.

Una de las grandes consecuencias de poseer cierta inteligencia cultural es la propensión a suspender el juicio, a pensar antes de actuar durante un corto espacio de tiempo basándose en el análisis de las personalidades de los que interactúan y separándola en dos tipos: la propia y la del grupo. Así consiguen estar libres de estereotipos y toman decisiones más acertadas.

Para ser inteligente, culturalmente hablando, hay que beber de tres fuentes:
  • El conocimiento nos permite entender las diferencias de los ambientes culturales. Se aprende interrogando sobre el significado de las costumbres de las culturas foráneas, pero también observando.
  • La capacidad para reproducir la conducta y las acciones a través del cuerpo le sirven para entender esa cultura foránea e indicar a sus interlocutores que pueden ser confiados con él.
  • Con el corazón, que es un fiel aliado para creer en la eficacia de cada uno, ayuda a superar fracasos, obstáculos y reveses, evita depender de la recompensa y determina la motivación y la confianza, ya que es la fuente que mantiene la fuerza emotiva.

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