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Del dato a la competencia distintiva
30.11.06


Recupero viejas fotocopias de artículos relacionados con la Nueva Economía, esa idea tan sugerente de finales de los noventa, que tenía desde 2001. Es un concepto que cayó en desuso y que muchas empresas creen superado tras desinflarse la burbuja puntocom.

En ese momento, la empresa estaba centrada en cómo apostar por las ideas y la imaginación, pero por encima de todo en cómo aprender a manejar la información y aplicarla al desarrollo permanente del talento o facultades intelectuales de sus trabajadores. La nueva economía se basa en la naturaleza intelectual, un bien intangible, argumentaba el profesor Eduardo Bueno (Instituto de Administración de Empresas de la UAM).

La competitividad de la empresa--y eso no es un concepto anticuado sino de preocupación constante para el empresario que busca el talento de sus empleados--puede aumentarse a partir de la información que recibe. Para conseguirlo, basta con que sus trabajadores tengan la capacidad para hacer circular un dato, a través de diferentes fases o estadios, hasta que convertirlo en conocimiento.

El esquema del profesor Bueno comienza en el dato que, según la DRAE es el «antecedente necesario para llegar al conocimiento exacto de algo». Gracias al uso de las tecnologías, aquél sufre un proceso de datos y se convierte en información. El resultado es aislar, identificar y unir de forma coherente unos datos externos y añadirlos a los que ya poseemos en nuestra inteligencia.

Existen multitud de herramientas empresariales--horizontales y verticales--que crean información a partir del dato: ERP, CRM (clientes, fuerza de venta, SAC, Help Desk), los indicadores KPI, las dedicadas a la gestión electrónica del ciclo de vida de los documentos, portales corporativos B2E (business to employee), Wiki, etc.

El proceso de datos tiene ya rango de departamento en muchas empresas porque ha sido objeto de preocupación y desarrollo durante décadas.

Ahora bien, para que la información se transforme en conocimiento y conseguir que el trabajador llegue «a enterarse de ello», requiere de su parte un proceso de aprendizaje, es decir la intención de incorporar nuevos conocimientos. Cabría añadir que el conocimiento es un activo intangible que tiende a crecer de forma exponencial y compartirlo con otros genera un continuum que beneficia a toda la organización.

Por último, conseguir que ese conocimiento dé soporte a una competencia distintiva--la capacidad para competir o hacer mejor que los demás alguna cosa--requiere un esfuerzo adicional, lo que se denomina el proceso de creación mental. Esta nueva capacidad competitiva es un valor añadido para la persona, la empresa y la sociedad.

Esta competencia personal es la más difícil de conseguir porque nace desde el interior de la persona y no puede inducirse de forma externa.

+info: Competencia, conocimiento e información (E. Bueno) | Bibliografia |

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