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Imprescindibles de la consultoría (VIII): Iacocca: Autobiografía de un triunfador
27.10.06


Lee Iacocca nunca imaginó cuando comenzó a trabajar como becario de Ingeniería en la automovilística Ford que le bastarían catorce años para convertirse en 1970 en Presidente de la compañía. Durante los siguientes ocho años dirigió con éxito la empresa. Uno de sus mayores logros de esta etapa fue el firme convencimiento que poseía de intuir los gustos de los consumidores. Producto de ello nació el mítico Ford Mustang, el deportivo que se caracterizó, no tanto por su motor o tecnología, sino por su elegante diseño y por las emociones que transmitía su conducción. Desde entonces, ningún coche de Ford se ha vendido tanto en su primer año de vida y ninguno ha gozado de una aureola de mito como el Mustang. Las luchas internas--y sus fuertes y aireadas divergencias con Henry Ford II--le apearon del puesto.

Lejos de hundirse, este inmigrante de italianos que estudió en Stanford, aceptó en 1978 la Dirección General de Chrysler aún a sabiendas de que la bancarrota estaba llamando a las puertas del gigante de Detroit y las pérdidas del último trimestre alcanzaban la friolera cifra de $160 millones. Iacocca consiguió otro hito--éste ciertamente polémico--en el paraíso del libre mercado: una ayuda gubernamental en el pago de impuestos que utilizó para ganar tiempo y conseguir estabilizar la cuenta de resultados. Con un plan claro para salvar Chrysler se apuntó otro hito en la historia de la empresa norteamericana de finales de los ochenta: pagó todas las deudas en menos de cinco años.

En 1992 se jubiló aunque sigue siendo miembro del Comité Ejecutivo de Chrysler, no sin antes sacar al mercado otros dos modelos míticos: el Plymouth Voyager (1983) y el Dodge Caravan, este último considerado el primer monovolúmen de la historia y que se comercializó en Europa bajo la denominación Chrysler Voyager (1988).

Participó en gran cantidad anuncios televisivos que finalizaban con Iacocca mirando hacia las cámaras y poniendo cara de la mayor franqueza mientras decía: “Si encuentra un coche mejor, cómprelo”

Sus detractores le acusan de irónico, de ser un tipo duro, de exhibir un exacerbado americanismo y de que su único logró fue sobrevivir gracias a los recortes de impuestos del Gobierno y a una campaña de intervencionismo contra las importaciones de coches japoneses. Sin embargo, Iacocca rompió con el modelo de CEO blando y sin carácter que dirigían con languidez las empresas norteamericanas desde los cincuenta y recuperó la imagen de ejecutivo de triunfadores como J.P. Morgan y William Randolph Hearst.

Su integridad en los negocios y los dotes de estratega auparon a Iacocca a las más altas cotas de la excelencia empresarial. Tras el impresionante relato sobre el arte de perder batallas pero ganar la guerra, las pugnas con los todopoderosos sindicatos, la utilización de las incipientes técnicas de Marketing y Publicidad en la empresa, en su libro 'Iacocca: Autobiografía de un triunfador'-de lectura obligada en muchas facultades y escuelas de negocios-subyace un canto al constante clima de competencia, a convivir estrechamente con los objetivos y sus estrategias y al permanente autoanálisis de los errores propios.

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