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'El árbol de la ciencia' de Pío Baroja
16.10.06


Pío Baroja (San Sebastián, 28-12-1872 — 30-10-1956), nació en el seno de dos familias relacionadas con el periodismo y los negocios de imprenta. Pésimo estudiante debido a su falta de interés, tras doctorarse y obtener plaza de médico, marchó a Cestona a ejercer la profesión. Allí se enfrentó a las autoridades políticas, eclesiásticas y médicas, abandonó la profesión y la cambió por la de novelista.

Ateo y enemigo del nacionalismo vasco, en 1900 publicó su primer libro, una recopilación de cuentos titulada Vidas sombrías, y en la que se encuentran en germen todas las obsesiones que reflejaría su obra posterior. Con ella, obtuvo el reconocimiento de Unamuno, Azorín y Galdós. Viajó después por toda Europa y acumuló una impresionante biblioteca especializada en ocultismo, brujería e historia del siglo XIX. Ramiro de Maeztu, Azorín e incluso José Ortega y Gasset le acompañaron habitualmente en sus viajes por España.

Encuadrado en la Generación del 98, en sus novelas reflejó una filosofía impregnada con el profundo pesimismo de Arthur Schopenhauer, pero que predicaba en alguna forma una especie de redención por la acción, en la línea de Friedrich Nietzsche: de ahí los personajes aventureros y vitalistas que inundan la mayor parte de sus novelas, pero también los más escasos abúlicos y desengañados. Terminó por identificarse con las doctrinas liberales y por abominar del comunismo, sin abandonar en ningún momento sus ideas anticlericales, su misoginia y sus un tanto arcaicas concepciones antropológicas lombrosianas. En 1935 fue admitido en la Real Academia de la Lengua; fue acaso el único honor oficial que se le dispensó.

Durante la Guerra Civil fue amenazado por unos carlistas y emigró a París. Afectado poco a poco por la arterioesclerosis, murió en 1956 y fue enterrado en el cementerio civil como ateo. Su ataúd fue llevado en hombros entre otros por dos de sus admiradores, Ernest Hemingway y Camilo José Cela, el uno era premio Nobel de literatura y el otro llegaría a serlo años más tarde. También el escritor norteamericano John Dos Passos declaró su admiración y su deuda con el escritor.

El árbol de la ciencia (1891) es una obra de carácter casi autobiográfico dividida en dos partes simétricas (I-III y V-VII) separadas por una larga conversación filosófica entre el protagonista y su tío, el doctor Iturrioz (IV).

En la primera de ellas se narra la vida como estudiante de medicina de Andrés Hurtado. A través de su familia, profesores, condiscípulos y amistades diversas, Baroja traza una despiadada radiografía del Madrid burgués y proletario de finales del siglo XIX. En la segunda se nos cuenta la estancia de Hurtado como médico en Alcolea, pueblo manchego ficticio (aprovechada para mostrar la penosa situación del campesinado: caciquismo, ignorancia, desidia, resignación), el retorno a Madrid (destaca aquí el informe redactado sobre la prostitución de la época que que se realiza gracias al trabajo de Andrés Hurtado como médico de higiene) y, finalmente, el desgraciado matrimonio con Lulú, chica que conoció en sus tiempos de estudiante. El intermedio filosófico (IV) descansa en el diálogo directo y contrapone el pragmatismo anglosajón al idealismo alemán, que tiene como valedor a Andrés Hurtado.

No ha salido en España un hombre que valga la pena. ¡Qué vulgaridad, qué pobreza! El territorio nacional se divide en dos campos enemigos irreconciliables, sin que sirvan para aplacarlos y llevarlos a un ambiente de tolerancia las voces de algunas personas sensatas.
(Pío Baroja)
+info: Obra (Wikipedia)


>> Publicado en Categoría: Literatura

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