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Terror yihadista
9.7.05


La olímpica Londres se ha visto sacudida por un atentado que provisionalmente ha segado la vida a más de medio centenar de personas cuyo único delito ha sido viajar en el metro a primera hora de la mañana. En una terrible réplica del 11-M, los ‘trenes de la muerte’ se han cambiado por el ‘túnel del terror’ aunque el objetivo de los terroristas era el mismo: causar una indiscriminada matanza en el transporte público en venganza por el apoyo británico en la campaña de Iraq, advertir a los países que mantienen todavía tropas en ese país, amedrentar y amenazar a sus ciudadanos, reforzar la moral de sus cédulas en Europa y arengar a todos los integristas que anhelan entrar en acción y están en la retaguardia.

Estos atentados causan miedo en los ciudadanos que lo sufren y en las comunidades musulmanas que llevan mucho tiempo conviviendo en Europa y se benefician de los derechos-muchos de los cuales no tienen en su países de orígen-que la democracia reconoce y exige a los gobiernos velar. Estos colectivos, tras un atentado de este tipo, sufren la angustia de que movimientos radicales se tomen la justicia por su mano. En España, no ocurrió así y en el Reino Unido, con mayor tradición democrática y con grandes comunidades de inmigrantes originarias del exterior, como es el caso de hindúes y pakistaníes, tampoco debería pasar. Por tanto, esta convivencia debe permanecer sin fisuras.

Sin embargo, las democracias occidentales deben luchar denodadamente contra este terrorismo desde la unión, la búsqueda del consenso, el diseño de estrategias de defensa y la coordinación de sus servicios secretos, policiales y la justicia. Estas premisas ya tienen prioridad en esos países. Pero deben forzar una vuelta de tuerca.

Deben perseguir y erradicar las actividades que, amparadas por las libertades democráticas, desarrollan estos grupos extremistas en el límite entre lo legal y lo ilícito. Un caso son algunos círculos pseudo-intelectuales que, tras el rezo en las mezquitas, se reúnen fuera de ella para tintar de integrismo las enseñanzas religiosas recibidas; ocurre en las librerias que rodean estos templos y que venden, incluso en escaparates, libros y folletos que arengan a la guerra santa, a la yihad y lanzan consignas contra el infiel occidental y es el caso de los rezos de algunos imanes en el que prevalece la arenga política a la reflexión religiosa. Encontrar el punto medio es dificil: no se trata de acosar sino de realizar un control exhaustivo y discreto para evitar masacres como las que nos ocupa, respetando la comunidad musulmana pero evitando que elementos incontrolados dañen la convivencia y a la ciudadania, a la vez que a la democracia.

El Viejo Continente debe continuar promoviendo la integración cultural y las oportunidades a todos aquellos inmigrantes que deseen vivir en paz y convivencia y acaten el sistema político, económico y las leyes que les facilitan un trabajo y bienestar. Y debe insistir en respetar la diversidad pero debe exigir el respeto mútuo. Para ello, la educación y la convivencia es una vía imprescindible para conseguir este objetivo. Así es probable que estas comunidades vayan progresivamente abandonando el miedo a la represalia y vayan adoptando posturas mucho más críticas contra los radicales que siembran el terror.

Europa no es antislamista pero defiende ferozmente la democracia. A las fechas posteriores al 11-S o 11-M hay que remitirse y, dentro de unos meses, la evolución de los acontecimientos tras el 7-J lo habrá ratificado.

>> Publicado en Categoría: Politica

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