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DVD: ¿Dónde está el progreso?
6.5.05


Me remite una gran persona esta colaboración. Tal como la recibí, la publico.

El DVD ha llegado a casa regalado. No es un presente cualquiera porque los que vivimos aquí, en mayor o menor medida, amamos el cine. Si es de autor porque nos hace pensar; si es comercial porque nos zambullimos en la trama, el argumento, en una red de relaciones y acciones entre personajes, escenarios y tiempos.

Inmediatamente hemos recurrido a los familiares que ya llevaban tiempo disfrutando de este electrodoméstico, para que nos presten cintas…, digo, compactos. Es en este momento cuando hemos dado con el fenómeno de las copias pirata.

En nuestras primeras dos sesiones de DVD, hemos asistido a la desgracia del general Máximo y su posterior venganza como “Gladiador” -en una copia legal. La noche siguiente, contemplamos el dantesco ataque de la aviación japonesa sobre la flota estadounidense anclada en “Pearl Harbour” -en una copia pirata.

Nada que ver un visionado con el otro. La calidad de las imágenes, el sónido nítido, ni un sólo percance para disfrutar plenamente del filme, en el primer caso. En el segundo, y en resumen, problemas: las toses del público donde la película se obtuvo, una calidad de imagen lacrimógena, y dificultades más que ciertas para entender los diálogos, incluídos algunos silencios de segundos que me retrotraen a las películas de Harold Lloyd.

Qué paradoja. El DVD, el vídeo del nuevo siglo, el que permite el “Cine en Casa”, los extras “Cómo se hizo”, “Entrevista con el director” y farfolladas innecesarias parecidas, y resulta que si la peli la compras en la calle, tienes que tener de tu lado un elevado porcentaje de buena suerte para que la película te salga buena, como cuando compras una sandía o un melón en el mercado.

Sí, siento algo de decepción. Además me he propuesto no liarme en Sopa de Letras con el abusivo precio de las copias legales…

En fin. Jugaremos.

O escribiré un correo electrónico a José Luis Garci para que programe clásicos un poco más modernos, esperaré la buenaventura de su indulgencia y seguiré grabando las películas en vídeo que semanalmente emite esa joya de programa que es “¡Qué grande es el cine!”.

santi g.

>> Publicado en Categoría: Sociedad

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