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Espanto y perplejidad en Leganés
12.4.05


Observo con espanto y perplejidad la bronca que tienen montada en Madrid en relación con el caso de las sedaciones en el servicio de Urgencias del hospital “Severo Ochoa” de Leganés. Cada día que transcurre esta polémica se encuentra más polarizada. De aquesta guisa, la izquierda y los sindicatos apoyan al jefe de Urgencias del Hospital y arremete, colectivos vecinales y de ciudadania de izquierdas en plena fase de movilización popular, contra el Consejero de Sanidad y la presidenta de la Comunidad de Madrid, ambos populares, mientras el fiscal, una vez más y no será la última, ve como tiene que capear el temporal para dotar a su trabajo del rigor e independencia al que está obligado.

Por encima de todo hay que respetar a los familiares de las personas que pudieron ver acelerada su muerte en aras de evitar un sufrimiento a un enfermo terminal. No se puede valorar, ni remotamente justificar, el dolor y la angustia que les debe producir tener la duda de que un doctor, creyéndose un dios o simplemente llevado por la necesidad de evitar un sufrimiento, haya podido practicar algún tipo de eutanasia sobre un ser querido o cercano o simplemente haya decidido que es mejor que no viva media hora más. Esto, es lo primero que hay que investigar. Hay que decirle a estas personas si realmente se aplicaron métodos para acortar la vida o si todo es fruto de la casualidad. Pero, además, hay que hacerlo de forma tajante y explícita: sólo necesitan una respuesta, sí o no. Por esto, me parece espantoso para las familias un suceso como este.

En segundo lugar, perplejo debe quedarse el ciudadano ante, una vez más, cómo están llevando la polémica los partidos políticos: como siempre, como ocurre todavía, o ocurrió con la comisión del 11-M o en el Carmelo o con el Prestige… Cuando ocurre algo polémico y de cierta entidad, la táctica política de todos los partidos es la misma: llénemos a la opinión pública de mensajes, noticias, filtraciones, declaraciones con el único objetivo de que no pase nada y el ciudadano no cambie de color político y siga votando al mismo. Al final, tras meses de polémicas, el votante pierde el hilo de la polémica, se desinteresa, aburre y olvida… y sigue votando… y sigue pagando con sus impuestos al político… y se asusta con nuevos casos o declaraciones… y se enciende… y discute con amigos sobre el caso… y empieza a dudar sobre quién tiene razón… y pierde el hilo de la polémica… y se desinteresa…

¿No sería más coherente para con el ciudadano ponerse todos manos a la obra para encontrar la verdad? La verdad no es lo importante y tampoco está fuera. Lo importante es mantener la poltrona y enraizar en el ciudadano la idea de que el partido al que vota siempre tiene la razón y que no debe salir del redil, es decir votar a otro partido.

Como suele suceder, al final, desconoceremos qué ocurrió realmente en las urgencias del Severo Ochoa. Y a los familiares les quedará la posibilidad de crear una Asociación de Víctimas, ser convocados a veces por los políticos a algún acto, aportar sus dudas y dolores a los periódicos cuando se cumpla algún aniversario, salir en la televisión en alguna audiencia, y poco más. Pero la verdad, jamás la encontrarán… y me duele opinar así.

>> Publicado en Categoría: Sociedad

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