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Consultoría: complacencia, cautela, crisis y corrección
28.9.07


Leyendo un artículo de Miguel Bernal del Instituto de Estudios Bursátiles para la revista Estrategias de Inversión sobre la crisis hipotecaria americana me encuentro con que un proceso correctivo como el citado tiene tres fases denominadas las “tres C”: complacencia, cautela y corrección.

Me llama la atención que las cuatro primeras fases de un proyecto de consultoría, una vez firmada la propuesta y comenzado el trabajo, puede responder a algo parecido.

El desembarco en casa del cliente puede asemejarse a la complacencia bursátil: el cliente está satisfecho porque un equipo profesional va a acometer un trabajo de corrección, mejora o cambio en la empresa.

Conforme transcurre el tiempo, la complacencia se torna en cautela, tanto para el cliente como para el equipo consultor. Entre ambos, y conforme va progresando el trabajo, surgen matices, pequeñas correcciones en la estrategia o intranquilidad ante la incertidumbre de que la solución y los métodos elegidos sean los adecuados. Aunque no se manifieste, en el ambiente se nota.

A diferencia de las fases bursátiles, en un proyecto de consultoría existe una fase de crisis. Tal vez, este adjetivo sea algo exagerado porque nunca “la sangre llega al río” pero, como consecuencia de la cautela anterior, siempre hay un momento en que surge, en mayor o menor grado. Sobre todo ocurre con clientes que están acuciados por la necesidad de comenzar a ver resultados y que no consideran la existencia y el respeto de las demoras que hay en todo proceso de consultoría.

Independientemente de que la fase de crisis se manifieste como tal en algún momento, lo cierto es que las reuniones de seguimiento que se celebran durante el desarrollo del proyecto siempre tienen un carácter correctivo para una o las dos partes. Nada que objetar al respecto siempre que no se planteen cambios súbitos que supongan un radical cambio de objetivos y se asemeje a pasar del blanco al negro.

Estas fases podrían aplicarse a cualquier actividad en la que dos partes buscan un objetivo común. Por tanto, es algo que todo consultor tiene que asumir. Entre las responsabilidades del consultor que lidera el proyecto está adoptar el rol de administrador de las fases y sus hitos para que todo discurre sin menoscabo en los resultados (y costes), promover la confianza mutua, el debate abierto y sincero y la constante visión de los objetivos comunes que tienen el cliente y la consultora. Y sobre todo, minimizar el impacto negativo de la fase de crisis e intentar que, tras ésta, no vuelvan a repetirse las fases.

| Categoría: Consultoría | Etiquetas: crisis proyecto estrategia objetivos exito cliente interrelacion

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